miércoles, 22 de septiembre de 2010

Terrorismo del Estado

Siempre quise ir a * (no pudo nombrar el país) y no entrar a ningún lugar y no querer entrar. Mirar ese puente, esas capas de colores cayendo, ese río humeante donde se suicidó ese poeta * (tampoco puedo nombrarlo).



Siempre quise escribir * (…) sobre esas paredes, a las 3 de la mañana, aullar con los perros, correr si viene la policía, antes soltarme el pelo. Estar ahí, ya vacía y confundida, tener la ropa arrugada y las piernas muy blancas. Caminar por esas calles pensando lo que no sucederá es para perder el tiempo, no, es para encontrarlo, el desorden para pensar es totalmente necesario y debe seducir, no, yo debo seducirlo.


Esperaría a * en el bar, y por primera vez fumaría, alguien se acerca a mi, no puedo entender su idioma, uno de los dos empieza a llorar o a reír, calma, si toda tu vida fue debatir en qué extremo no caer en estas situaciones, alguno de los dos quiere poseer un poco de sudor del otro, irisar su piel, acercarse a la comisura de su boca. Pero ese alguien no es *.


Volvería al puente, sería de noche. Ya hace frío, no, siempre hizo frío. Se encienden los faroles, miro a la gente, no, solo a los ojos de la gente. Digo que busco *, nadie me comprende, lo sé, a mi también me cuesta. No es fácil buscar lo que no se puede nombrar, no, no es fácil buscar lo que no quiere nombre.
 
Natalia Litvinova
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