viernes, 5 de noviembre de 2010

Anarquismo y anticiencia

Una de las ventajas de viajar cada día largas distancias en transporte público es que tengo mucho tiempo para leer. Desde publicaciones científicas relacionadas con mis investigaciones, literatura, divulgación científica, el periódico del día, textos pseudocientíficos o folletos del Carrefour, cualquier cosa es útil para hacer más llevadero el ya memorizado itinerario. Durante estos días le ha tocado el turno a un panfleto pseudocientífico que lleva por título “El rapto de Higea” y cuyo autor es Jesús García Blanca. Leerlo es algo así como entrar en el sambódromo de Río de Janeiro en pleno carnaval: mucho ruido, mucho colorido, pero cuando las luces se apagan y los primeros rayos de sol despuntan sobre la bahía queda la nada más absoluta. Es tal la amalgama de datos económicos, científicos y políticos, todos entremezclados sin ton ni son, que uno acaba mareado. Intentar meter su relato de conspiraciones en mitad de descubrimientos científicos mil veces corroborados o de denunciar las amistades peligrosas de las corporaciones industriales junto con las corrientes filosóficas en boga en el siglo XIX sólo es una coartada intelectualoide (que no intelectual) para algo que no tiene ni pies ni cabeza.


La ciencia y sus demonios
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