domingo, 28 de noviembre de 2010

Tio Boonmee recuerda sus vidas pasadas

Veamos si soy capaz de explicarlo sin liarme. Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas cuenta la historia de un enfermo terminal que decide pasar sus últimos días en su finca con sus seres queridos. Una noche que estaban todos reunidos recibe la visita del fantasma de su mujer, fallecida años atrás, así como de su hijo, algo así como reencarnado en la forma de un mono con extraña y penetrante mirada. Boonmee decide adentrarse en la selva para encontrar el lugar donde nació por primera vez, en una cueva. Y es allí donde decide morir.

Mas o menos así es el argumento básico de la última película de Apichatpong Weerasethakul, un director del que no conocía nada de su cinematografía. Asistí a su película atraído por las buenísimas criticas que había recibido en diversas revistas especializadas y por el reciente premio que ha recibido en Cannes, Palma de Oro. Y si he de ser sincero, me ha defraudado un poco. Planos larguísimos, cadencia lentísima y un argumento muy difícil de seguir hacían difícil que pudiera prestar atención a lo que estaba viendo, y confieso que en varias ocasiones a punto estuve de quedarme dormido (aunque también es cierto que ya entre en el cine con bastante sueño). En definitiva, que yo hubiera agradecido algo más de acción (dentro de lo posible, claro. Esto no es precisamente Rambo) y un argumento más comprensible.

De todas formas no todo es negativo en la película. Me gustaron muchos planos muy bellamente elaborados, y el toque espiritual, con apariciones de seres del pasado que vienen a estar contigo como si no pasase nada, me sorprendió agradablemente. Es una nueva forma de ver el plano espiritual mucho mas en contacto con la realidad. También me llamo la atención un pequeño cuento dentro de la historia que, sin ser sorprendente, se hace agradable de ver. Aunque no cuento más para no destripar demasiado el argumento.

La pregunta ahora es si vería otra película de este señor de nombre tan raro, y la respuesta es que...probablemente si. Y es que se te quedan ganas de entender su mundo tan particular. Y no me importaría volver a ver esta película otro día quizá con la mente más despejada y más dispuesto a tener paciencia con esos larguísimos planos.


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