domingo, 18 de diciembre de 2011

Tiempos vertiginosamente rutinarios

Yeso en Marte. Fuente: La Ciencia y sus Demonios

Hoy en día nos parecen de lo más normal avances asombrosos en tecnología y en ciencia. Ya no nos sorprende que podamos acceder a Internet desde nuestro móvil con pantalla táctil, o que un trasto del tamaño de un libro pueda suplir en muchas de sus utilidades a un ordenador de sobremesa convencional. Recuerdo con nostalgia un tanto anacrónica la emoción que sentí cuando hace ya unos quince años me conecté por primera vez a la Red de Redes. Parecía increíble que pudiese acceder a información que podía encontrarse a miles de kilómetros de distancia, y de forma instantánea. Hoy, sin embargo, protestamos cuando la Red va lenta, sin darnos cuenta de el logro que supone poder acceder a toda la información que se nos suministra.

Pero los avances no solo se quedan a nivel doméstico, sino que la ciencia más puntera, con la NASA a la cabeza, también realiza avances asombrosos para los cuales parece que estemos ya "curados de espantos". En una fecha no tan lejana como 1969, todo el planeta vibraba ante el avance espectacular que suponía la conquista de La Luna por el hombre. Fuesen americanos, rusos,... daba igual. El hecho de llegar hasta allí era inconcebible. En la actualidad no enviamos hombres a Marte (como muchas mentes calenturientas por aquellos años pudieran haber imaginado) pero sí es normal (relativamente) llevar cada cierto tiempo una misión robótica que, poco a poco, nos va abriendo la posibilidad de llegar allí también algún día. Coincidiendo con el lanzamiento hace poquitos días de la sonda Curiosity a Marte, un verdadero armatoste del tamaño de una tanqueta con numerosos aparatos destinados a dilucidar si existe o existió vida en el Planeta Rojo, hace poco también nos llegaba la noticia de que la Opportunity, en terreno marciano, hacía un descubrimiento importante para dilucidar si hubo agua en estado líquido en Marte. Que hubiese agua hace aumentar bastante las posibilidades de que también hubiese vida, y que exista incluso hoy en día escondida bajo tierra y de forma microscópica. La Opportunity ha encontrado yeso, un mineral compuesto por azufre y calcio cuya composición requiere de la presencia de agua. Es decir, no se ha encontrado agua, pero de nuevo sí los restos de que pudo haber habido. Esta noticia no es tan espectacular como la llegada del hombre a La Luna, desde luego, pero es significativo que lleguen estos descubrimientos y que no nos demos cuenta de lo que significa llevar hasta un planeta tan lejano un aparato para que nos envíe fotografías (en color) de la posible prueba de la existencia de vida totalmente diferente a la nuestra.

En uno de los capítulos de la serie Cosmos, Carl Sagan observa unas fotografías de Marte enviadas por las Viking, sorprendiéndose de lo normal que resultaría en esas imágenes de yermos rojizos la presencia de un vaquero a lomos de una yegua. Marte no es tan diferente a lo que podemos encontrar en La Tierra, y no sería descabellado pensar que pudiese haber vida (aunque fuese microscópica) en ese yermo polvoriento y frío. Sólo espero que si llega esa noticia no se catalogue como una curiosidad más de las que habitualmente traen nuestros robots marcianos.


lunes, 12 de diciembre de 2011

No hay mejor sordo que el que no quiere oír

Fuente: ALT1040

Estamos acostumbrados a ver en los documentales de animales comportamientos salvajes que nos sorprenden y que nos hacen pensar en los seres humanos como criaturas superiores a las del resto del reino animal por su moral y su respeto los unos con los otros. Podemos convivir juntos en grandes aglomeraciones urbanas sin que sucedan cosas salvajes que nos terminen autodestruyendo. Porque, efectivamente, somos seres sociales por naturaleza. Pero, ¿somos solidarios? ¿El pacto social es algo que hacemos porque nos beneficia a todos, o buscamos fines egoístas y personales?. Yo pienso que una señal bastante elocuente de nuestra falta de solidaridad aparece en la fotografía que antecede a esta entrada. Se trata de un oso polar, que ha matado a una cría para alimentarse. A primera vista podría parecer que en el entorno animal estas situaciones se dan cuando la lucha por la supervivencia, la ley del más fuerte, la selección natural, impele a estos animales a hacerlo. Y porque al fin y al cabo son bestias que no tienen un sentimiento hacia el prójimo tan arraigado como el nuestro. Sin embargo, esta reflexión es engañosa, porque lo que en realidad se está viendo en esta fotografía es una prueba indirecta de el daño que los seres humanos estamos haciendo a nuestro entorno natural. Una de las especies que, debido a las consecuencias del Cambio Climático, está sufriendo más la subida generalizada de las temperaturas es precisamente el oso polar. Como consecuencia de esta subida cada vez más veces se quedan rodeados de agua cuando los casquetes de hielo se deshacen antes de tiempo, muriendo de inanición o agotamiento. Se encuentran en una situación desesperada en la que se pueden dar situaciones como la que aparece en la fotografía.

La solidaridad no solo debe demostrarse cuando no hacemos daño a nuestros semejantes, sino también cuando mostramos respeto por aquéllos que no lo son tanto, como es el caso de los animales. Dependemos de ellos para la sostenibilidad de un entorno natural que poco a poco (pero cada vez más aceleradamente) estamos destruyendo. Cuando estos últimos días las grandes potencias mundiales estaban enzarzadas en una lucha dialéctica sobre cómo resolver el problema del Cambio Climático, lucha que finalmente ha resultado inútil (una vez más), en la Amazonia brasileña se estaban aprobando leyes que implicaban un mayor daño a nuestro ecosistema. El tiempo no juega a nuestro favor, pero tampoco la cerrazón del ser humano (aún hay mucha gente que piensa que el Cambio Climático es algo cíclico y natural) ni el pensamiento cortoplacista (muchas veces a propósito). Y es que para los ricos y los poderosos el tema del Cambio Climático no es tan preocupante, ya que ellos siempre dispondrán de una buena máscara para protegerse.


Fuente: Territorio Vergara




martes, 6 de diciembre de 2011

Discurso de El Gran Dictador, de Charles Chaplin


Fuente: Filmaffinity
Lo siento, pero no quiero ser emperador. No es lo mío. No quiero gobernar o conquistar a nadie. Me gustaría ayudar a todo el mundo, si fuera posible: a judíos, gentiles, negros, blancos. Todos nosotros queremos ayudarnos mutuamente. Los seres humanos somos así. Queremos vivir para la felicidad y no para la miseria ajena. No queremos odiarnos y despreciarnos mutuamente. En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede proveer a todos.

El camino de la vida puede ser libre y bello; pero hemos perdido el camino. La avaricia ha envenenado las almas de los hombres, ha levantado en el mundo barricadas de odio, nos ha llevado al paso de la oca a la miseria y a la matanza. Hemos aumentado la velocidad. Pero nos hemos encerrado nosotros mismos dentro de ella. La maquinaria, que proporciona abundancia, nos ha dejado en la indigencia. Nuestra ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y faltos de sentimientos. Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y cortesía. Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo se perderá.

El avión y la radio nos han aproximado más. La verdadera naturaleza de estos adelantos clama por la bondad en el hombre, clama por la fraternidad universal, por la unidad de todos nosotros. Incluso ahora, mi voz está llegando a millones de seres de todo el mundo, a millones de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que tortura a los hombres y encarcela a las personas inocentes. A aquellos que puedan oírme, les digo: “No desesperéis”.

La desgracia que nos ha caído encima no es más que el paso de la avaricia, la amargura de los hombres, que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará, y los dictadores morirán, y el poder que arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Y mientras los hombres mueren, la libertad no perecerá jamás.

Soldados. No os entreguéis a esos bestias, que os desprecian, que os esclavizan, que gobiernan vuestras vidas; decidles lo que hay que hacer, lo que hay que pensar y lo que hay que sentir. Que os obligan a hacer la instrucción, que os tienen a media ración, que os tratan como a ganado y os utilizan como carne de cañón. No os entreguéis a esos hombres desnaturalizados, a esos hombres-máquina con inteligencia y corazones de máquina. Vosotros no sois máquinas. Sois hombres. Con el amor de la humanidad en vuestros corazones. No odiéis. Sólo aquellos que no son amados odian, los que no son amados y los desnaturalizados.

Soldados. No luchéis por la esclavitud. Luchad por la libertad. En el capítulo diecisiete de san Lucas está escrito que el reino de Dios se halla dentro del hombre, no de un hombre o de un grupo de hombres, sino de todos los hombres. En vosotros. Vosotros, el pueblo tenéis el poder, el poder de crear máquinas. El poder de crear felicidad. Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer que esta vida sea libre y bella, de hacer de esta vida una maravillosa aventura. Por tanto, en nombre de la democracia, empleemos ese poder, unámonos todos. Lucharemos por un mundo nuevo, por un mundo digno, que dará a los hombres la posibilidad de trabajar, que dará a la juventud un futuro y a los ancianos seguridad.

Prometiéndoos todo esto, las bestias han subido al poder. Pero mienten. No han cumplido esa promesa. No la cumplirán. Los dictadores se dan libertad a sí mismos, pero esclavizan al pueblo. Ahora, unámonos para liberar el mundo, para terminar con las barreras nacionales, para terminar con la codicia, con el odio y con la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón, un mundo en el que la ciencia y el progreso lleven la felicidad a todos nosotros. Soldados, en nombre de la democracia, unámonos.

Fuente: ALT1040