domingo, 1 de enero de 2012

Por el interés te quiero, Andrés

Aunque estemos celebrando fechas muy especiales para el Cristianismo Occidental, no hay que olvidar que estamos en un mundo con una enorme diversidad cultural y religiosa, y en el que la ciencia tiene un peso mayor que el que jamás haya tenido en nuestra historia. La globalización nos permite poder tener acceso a una infinidad de pensamientos y creencias diferentes, aunque también puede ser un peligro cuando se pretende hacer tabla rasa inculcando el pensamiento occidental en países en los que tal pensamiento sólo trae desestabilización y descontrol. En Oriente Medio es donde más se está notando, pienso yo, esa influencia occidental negativa que lleva a sus habitantes a aferrarse a los fundamentalismos para sobrevivir su forma de pensar. Desde los atentados del 11 de Septiembre de 2001, deplorables en todo caso, el mundo occidental, y Estados Unidos en particular, han intentado por medios sobre todo bélicos inculcar su pensamiento y su forma de Democracia en un mundo demasiado diferente, que arrastra un bagaje cultural que no puede sencillamente dejarse de lado. Las revoluciones árabes de este último año no deben confundirse con el ansia de sus habitantes de acabar con sus dictaduras para acoger una Democracia que les llega desde fuera y que les impone unas normas que no comprenden, sino para construir una Nueva Democracia (recordemos, gobierno del pueblo) adaptada a su forma de pensar y a sus creencias. Porque es posible la modernización sin caer en la alienación. Para conseguirlo nosotros deberíamos enseñar pero no inculcar, dar ejemplo pero no imponer. No caigamos en la trampa en la que cayeron los colonizadores americanos cuando llegaron al Nuevo Mundo.

Fuente: El País
Estos últimos días se está agudizando la beligerancia entre Estados Unidos e Irán con motivo del dominio armamentístico de la zona, y sobre todo de las dudas que acarrea el país musulmán desde que se dispuso a desarrollar tecnología nuclear. Sin olvidar que Estados Unidos posee armas nucleares, y que el vecino de Irán, Israel, se cree que las posee también secretamente, es cierto que el desarrollo de armas nucleares por parte de Teherán contribuiría a desestabilizar la zona llevándola hacia algo parecido a la Guerra Fría del siglo pasado. Pero no me parece que prohibirles su desarrollo con la única escusa de que son dictatoriales y peligrosos sea una forma de impedírselo. No me parece que Irán se muestre más fundamentalista de lo que se mostraría Estados Unidos en su situación, sin que por ello quiera justificar una dictadura como la de Ahmadineyad, claramente represiva, sobre todo para las mujeres. Pero no se puede imponer una forma de pensar porque sí. Irán, sus habitantes, deberán encontrar la forma de gobernar por sí mismos. Y aunque sea peligroso o doloroso, no es posible que nosotros, desde fuera, podamos impedir que desarrollen tecnología nuclear. Es algo parecido a lo que ocurre con el Cambio Climático. Los países emergentes se creen en su derecho a contaminar lo que no contaminaron en el pasado. ¿Deberíamos prohibirles sin razón aparente lo que las potencias occidentales llevan décadas haciendo? Más que imponer hay que convencer, aunque sea más complejo de conseguir.

Resulta chocante el interés que parece estar mostrando Estados Unidos por el desarrollo nuclear en Irán y el poco interés que despierta en el mundo occidental en general (por no hablar de la apatía de Rusia o China) la situación que existe en Siria desde hace ya casi un año. Los medios de comunicación cada vez se hacen menos eco de lo que está pasando (por pérdida de interés), y tan sólo webs como Periodismo Humano dan una crónica más cercana a la realidad. El resto de medios se limitan a contabilizar cada cierto tiempo el número de muertos, como hacían antes con los atentados en Iraq. Siria también es dictatorial, Siria también reprime, Siria también necesita una Democracia a la musulmana. Sus habitantes la están pidiendo a gritos. Pero Siria no es peligrosa desde el punto de vista nuclear, y sobre todo no es interesante desde el punto de vista económico. Porque ahora, como hace veinte, cuarenta o sesenta años lo que mueve la ayuda internacional no es la piedad, ni siquiera las ansias de imponer un modo de vida occidental. Es el petróleo.

Fuente: Agencia Prensa Rural

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