sábado, 6 de julio de 2013

Espionaje globalizado

Me estoy quedando anonadado con las noticias de estas últimas semanas sobre la denuncia de espionaje de los EEUU, y la reacción de sobre todo los países occidentales a la persecución que se está llevando a cabo. Ya se que la historia no es nueva, que en la Guerra Fría se las traían crudas las potencias contendientes, abusando de su posición de dominio incluso para determinar el Gobierno de países, pero siempre te sorprende que la historia se repita cuando se trata de errores del pasado que debiéramos haber aprendido a corregir. Pero no es así, lo cual es indicativo de dos posibles causas: o bien no sabemos corregir una dinámica intrínseca en el ser humano, o bien lo que se hizo en el pasado no se considera como algo negativo, sino más bien un exito que hay que tratar de emular.

El problema es que lo que hace treinta o cuarenta años era una intromisión en los intereses de Estados que no tenían "pensamientos occidentales", hoy en día podemos estar hablando de que espian el comportamiento individual para determinar ciertas ideologías o comportamientos. Porque eso de la seguridad mundial no me lo creo. No me creo que un país que tiene como derecho básico ciudadano la violencia (su derecho a llevar armas) pueda darnos lecciones sobre la mejor manera de ser civilizados. Insisto, lo que está pasando, lo que se esta denunciando no es ni más ni menos que el espionaje de estado llevado al nivel individual. Es muy simple: hace cuarenta años sólo había capacidad para determinar el comportamiento de los poderosos e influyentes para así determinar el de la población que controlaban. Hoy en día, con la globalizacion ya no es necesario. Basta con actuar sobre comportamientos colectivos mucho más maleables y silenciosos.

Nos estamos quedando sin armas, de las de verdad, para defendernos.

viernes, 12 de abril de 2013

Bohemia impresionista en la Mapfre

Los problemas de Bankia especificados en mi anterior artículo no son mas que una de las muchas consecuencias de la mala gestión de este país durante unos años en los que pudimos haber malgastado mucho menos y ahorrado mucho más. De aquéllos oros nos vienen estos lodos, diría yo. Otra de las consecuencias, relacionada con las Cajas de Ahorro, es la práctica desaparición de la Obra Social que las caracterizaba, y que primero por convertirse en bancos y después por los problemas económicos se han terminado cancelando en muchas partes de España. En mi ciudad se cerró una de las Bibliotecas con más solera de Caja Madrid sin que sirviera para mucho las peticiones y las protestas ciudadanas. Más en general, he observado que la actividad de las exposiciones gratuitas en la capital se ha visto sensiblemente reducida, cuando no anulada. Eso sin contar con el creciente coste de los museos estatales, donde ya rondamos precios similares a los de países con una Renta per cápita bastante superior. Pero no quería volver a hablar de los problemas económicos, que bastante nos dan la matraca en los medios, sino de una pequeña joya (de las poquitas que nos van quedando) dentro de la Obra Social. Me refiero a la Fundación Mapfre y su proyecto de exposiciones temporales, que sigue adelante en la capital y que por ahora sigue siendo gratuito con un nivel similar o superior al que nos ofrecen los museos estatales. Quizá la exposición a la que he ido, y de la que quiero hablar, sea una de las últimas (si no la última) gratuita, por lo que animo a todos aquellos que puedan acceder a ella a reservar hora para disfrutar de una de las muestras de pintura más interesantes ahora mismo en Madrid. Esta compuesta en realidad de dos exposiciones, pero que se complementan perfectamente. Ambas estarán abiertas hasta este próximo 5 de Mayo. 


La exposición principal se titula Impresionistas y PostImpresionistas. El nacimiento del Arte Moderno. Obras Maestras del Musée d'Orsay y como su nombre indica hace un recorrido por varios artistas característicos del Impresionismo y del periodo inmediatamente posterior. Sin ser específica de ninguna corriente o artista determinado va recorriendo cronológicamente los más importantes como Renoir, Toulouse Lautrec, Monet o Van Gogh intercalándolos con otros artistas quizá no tan conocidos pero que pueden dar alguna que otra sorpresa. Hablamos de arte impresionista de Francia correspondiente a una época en la que Montmartre era cuna y sepultura de los más grandes artistas de su tiempo, y también hablamos de cuadros procedentes de uno de los museos más interesantes en este tipo de pintura.




La segunda exposición, que se puede considerar como un sabroso complemento a la primera, nos ofrece una muestra de pintura temática sobre el mundo gitano y cómo lo han ido representando diversos artistas (entre ellos algunos muy característicos españoles) a lo largo de los últimos siglos, hasta llegar a un modo de vida, representado en pinturas, relacionado y también muy característico del Paris impresionista: el de la vida bohemia, el del artista rendido a su vida artística, enamorado de una forma de ver la vida romántica hasta el extremo. Un fenómeno que por supuesto se dio en Paris pero que también aparece en nuestro país durante la segunda mitad del siglo XIX. La exposición se titula Luces de Bohemia. Artistas, Gitanos y la Definición del Mundo Moderno. Y es cierto, cada vez que nos asomamos a los finales del XIX y principios del XX nos encontramos con una explosión artística y científica que nos va marcando el camino hacia nuestro presente. Un presente manchado por la sangre de dos guerras mundiales y a la vez iluminado por una época en la que nos reconocíamos como capaces de conseguir todo aquello que nos propusiéramos.



Una mañana, uno de nosotros se quedó sin el negro, y fue el nacimiento del impresionismo
Auguste Renoir 


sábado, 30 de marzo de 2013

Bankia, donde están los principios

Tras el desbarajuste de estos últimos años en España en particular, y en Europa en general, a nivel económico y político a propósito de la Crisis Mundial, a los ciudadanos nos da la sensación de que hemos recibido un curso intensivo de economía y que hoy sabemos perfectamente de lo que estamos hablando cuando conocemos el valor de la Prima de Riesgo o la naturaleza de las Preferentes. Tenemos igualmente la sensación de que aquellas aburridas tertulias políticas televisivas y radiofónicas, equiparables hace unos pocos años a los programas tipo Sálvame Deluxe, de repente han cobrado una importancia capital y que todo lo que dicen los tertulianos es conocimiento básico del día a día, incluidos los rutinarios escándalos de corrupción. Es esencial, no solo seguir las noticias económicas, sino incluso sustituir los tradicionales "debates de ascensor" a propósito del tiempo y similares temas, por sesudos intercambios de opinión sobre la evolución de la Bolsa o los millones de euros que nos ha robado hoy el político/partido de turno. Y digo yo, ¿no suena todo esto a moda?¿No estaremos exagerando una estrategia ideológica o incluso comercial tendente a mantenernos continuamente a la escucha recibiendo una información solo aparentemente plena de significado?¿Hasta qué punto debemos permitirnos consumir nuestro tiempo en estos temas que parecen ser tan vitales para nuestro día a día?Llevamos cinco años de Crisis y cada vez más tengo la sensación de que nos enseñan el hueso de juguete para que no busquemos más el auténtico.

Todo esto viene a colación de unos anuncios que durante estos últimos tiempos han venido apareciendo en diversos medios por parte del banco que actualmente (dicen...) es más de todos que nunca: Bankia. Concretamente me ha llamado la atención uno radiofónico en el que, tras afirmar que han necesitado de una importante aportación económica, y sin especificar que esa aportación la estamos pagando entre todos los ciudadanos, nos animan a pasar página y confiar en un banco que, ahora sí, dispone de fondos. Y termina con un mensaje que me parece muy indicativo de la hipocresía que nos invade hoy en día. Viene a decir algo así como "empecemos por los principios". Sinceramente, cuando escuché este anuncio tuve una tremenda sensación de decepción respecto de nuestra condición humana y de los mecanismos que se pueden llegar a utilizar  para adormilarnos, cuando no atontarnos. Me parece increíble que, después de todo lo que ha pasado, del dinero que nos han sacado (y del que queda por sacarnos), primero con Preferentes y demás timos, después con Rescates (o como los llamen) y ahora con Comisiones salvajes (a mi madre Bankia le cobró 6 euros de comisión por sacar dinero de otro banco) ahora nos vengan con que olvidemos todo lo pasado, pongamos el contador a cero y empecemos por los principios. ¿Principios?¿Hablamos de los suyos o de los nuestros? Y todo con el beneplácito de una "importante aportación económica" que, dicen, les da más solvencia que la que tienen el resto de entidades. A esto me refiero cuando, al principio del artículo, he hablado de desinformación y de la continua creencia de que en economía nos hemos sacado estos últimos años una especie de licenciatura. Para nada. Sabemos de economía mucho menos de lo que creemos, y justo lo necesario para mantenernos tensos y a la escucha; pero no lo suficiente como para poner el grito en el cielo cuando el estafador que nos ha limpiado vuelve y nos dice que volvamos a empezar... esta vez sí (de verdad de la buena) por los principios.


domingo, 10 de marzo de 2013

Smartphones: una experiencia personal

Después de un tiempo recorriendo el extenso catálogo de smartphones que hay en el mercado y de esperar un periodo prudencial para ver cierta evolución y tendencia, finalmente me decidí hace unas semanas a adquirir un terminal inteligente, del cual voy a publicar mi opinión para que cualquiera que tenga dudas pueda hacerse una idea de lo que existe en el panorama actual, concretamente en lo que respecta a la marca y el terminal que finalmente compré: Un Sony Xperia P.

En primer lugar debo recomendar encarecidamente que se pierda el miedo a comprar por Internet, siempre que se tomen las debidas precauciones, porque la ventaja de recibir el producto por mensajería y a un precio inferior es significativa. Si vas a una tienda, por muy grande que sea, es difícil que encuentres justo lo que estás buscando habida cuenta de la variedad de dispositivos existentes, y si vas a un centro especializado (en este caso Sony) no te lo encontrarás precisamente barato. Internet, y más concretamente Amazon por su solvencia, es la solución ideal para buscar y comprar.

Respecto a la elección de terminal debo decir que después de mirar con bastante detenimiento los disponibles de gama alta, la impresión que me dejó es que no merece la pena el precio para adquirir un aparato que al poco tiempo va a quedar obsoleto. Es el mismo dilema que se presenta al comprar hardware de PC. Puedes gastarte 700 u 800 euros en una tarjeta gráfica de última generación, pero debido a su rápido crecimiento al poco tiempo vas a tener la sensación de haber tirado el dinero por muy buena que sea la tarjeta. La gama media, concluí, es una mejor opción.

En cuanto a marca mi interés se fijo en un inicio en Apple, por la calidad de sus dispositivos. Pero al no existir un término medio, tuve que dejarlo. Lo más barato en iPhone es lo más caro en el resto de marcas, por lo que no merece la pena gastarse los cuartos en un dispositivo que al año va a estar pidiendo a gritos renovación (ya sea por estrategia de marketing o por pura necesidad de potencia). Mi siguiente punto de interés fue Samsung, pero creo que esta marca tiene un problema de diversidad: quien mucho abarca, poco aprieta. Y en gama media no me parece que sus terminales sean especialmente atractivos, ni por potencia ni por diseño. El terminal que más me llamó la atención, el Galaxy SIII Mini, parece más una forma de querer extender la venta de la "marca SIII" que otra cosa (justo lo mismo que ha hecho Apple con su iPad Mini, y cuya coincidencia en el tiempo y en el nombre hace pensar sobre hasta qué punto Samsung y Apple se persiguen uno a otro...).

Poco después apareció el "Efecto Nexus" con la aparición de ese terminal imposible de imaginar que es el Nexus 4. ¿Cómo podía un terminal tan potente ser tan barato? No me lo pensé y fui a por él. Pero la inexistencia de stock (realmente desesperante) y el paso del tiempo me hizo dudar de que fuese una opción interesante. La marca LG no me parece muy solvente en smartphones y se oían rumores de falta de entendimiento con Google que podían echar abajo el mantenimiento y garantía del dispositivo. Dejé de mirar cada día la tienda de Google, cansado de encontrarme con el mensaje "Stock agotado. Mira dentro de unos días".

En estas estaba cuando me dispuse a mirar terminales de gama media con menos impacto mediático que los típicos de Samsung o Apple. Y me encontré con los de Sony. Los dispositivos que ha publicado este último año no son muy diferentes de los que podemos encontrarnos en otras marcas, pero el diseño es bastante atractivo. Y fue ese el factor que determinó mi decisión. En cuanto a potencia, el Xperia P es de gama media, justo un término intermedio entre los Xperia U y los Xperia S o Z. Las limitaciones son patentes, y sinceramente no he probado los smartphones de gama alta, pero mi impresión es que la diferencia de potencia no es significativa para la diferencia de precio. Eso sí, el mayor problema que me he encontrado es la autonomía. Desconozco si el resto de smartphones tienen este problema, pero que se tenga que estar continuamente pendiente de la batería y de buscar enchufes para cargar el terminal me retrotrae al eterno problema de los portátiles, que arrastran desde los noventa, y que por lo visto está lejos de solucionarse. Si en cuanto a microprocesadores se habla de la famosa Ley de Moore y del límite en el aumento de potencia, en smartphones se puede hablar de la limitación de batería como frontera insuperable, si no se descubre un invento que nos saque del atolladero. Y un smartphone que solo funciona con fluidez si lo tienes enchufado a la red, deja de ser un smartphone para convertirse en un PC muy, muy limitado.

Todo esto me ha dejado mi viaje por el mundo de la movilidad estos últimos meses, en los que he llegado a la conclusión de que más de 300 o 400 euros en un terminal libre es un gasto difícil de justificar mientras no se resuelvan cosas como la autonomía.


domingo, 13 de enero de 2013

Todo ¿está? cambiando


Dans Todo Va a Cambiar
Foto de Adolfo Plasencia (CC)

Llegué a conocer la obra divulgativa de Enrique Dans como no podía ser de otra manera: a través de las redes. Tengo que reconocer que al principio me mostraba un tanto escéptico. ¿Un profesor de una escuela de negocios dando lecciones sobre la libertad en Internet? De alguna forma me parecía un contrasentido. Pero esa desconfianza se fue mitigando en la medida en la que iba profundizando en las ideas que exponía en su blog. Ideas que sin ser revolucionarias muestran una imagen de hacia dónde puede ir la Red bastante realista dentro del marco de lo que al fin y al cabo es Internet: una tremenda oportunidad de negocio, un terreno virgen y desconocido por explotar pero al que, a diferencia de las inhóspitas tierras del Oeste americano, va filtrándose poco a poco por las entretelas de nuestra vida diaria casi sin darnos cuenta. Lo que cuenta Enrique en su blog no es una teoría de cómo debemos hacer las cosas, sino más bien reflexiones sobre las cosas que ocurren, sobre cómo reaccionamos ante los cambios que suceden y sobre cuál es la orientación que los que buscan negocio en la Red deben tomar para encontrar su sitio en un futuro que cada vez es más presente. A partir de su activo blog fue como llegué a su publicación Todo Va a Cambiar, libro del que me gustaría escribir unas líneas subjetivas para expresar mi opinión y animar (o no) a los que tengan curiosidad por leer libros que reflexionan sobre la situación de la Red en los tiempos que corren.

En primer lugar quiero destacar la iniciativa "libre" que ha tomado Enrique para publicar su libro, dando la opción de poder leer el libro en su totalidad a través de una página en Internet, a la vez que lo ofrece a la venta en todo tipo de formatos (y sin absurdas protecciones "legales"). De esa forma consigue el que yo creo que es el objetivo principal de todo escritor, y creador en general, que se precie: llegar a su público. Sus libros se han vendido en El Corte Inglés, pero su difusión no ha ido para nada pareja a la venta de ejemplares sino que se ha extendido mucho más allá, cómo no a través de Internet. Si alguien está dispuesto a comprarse su libro le animo a que lo haga, y que después se de un paseo por la versión web para comprobar cómo este libro sigue vivo más allá de la estantería de su Biblioteca. Y cómo no visitar su Blog, uno de los más activos en español en estos momentos.

 En lo que respecta al libro nos encontramos con una obra sobre todo divulgativa, aunque también tiene algunas partes reflexivas, y sobre todo bastantes críticas en contra de una estructura de negocio del siglo XX que se encuentra muy alejada de la forma de prosperar en el mundo interconectado del siglo XXI. El libro es una extensión de las ideas que expresa habitualmente a través de su blog, pero que va llevando más allá hasta lograr expresar su visión de cómo lo que estamos protagonizando en este comienzo de siglo es un cambio muy profundo que en muchos casos ya estamos experimentando. No tienes mas que pasearte por el Metro de Madrid un día cualquiera para comprobar que en cualquier vagón hay ya más personas leyendo a través de una pantalla que con los libros y periódicos que nos han acompañado desde siempre. Y eso es solo un detalle de todo aquello que podemos experimentar en el día a día. Todo esto es lo que te puedes encontrar en este libro: una reflexión sobre lo que la tecnología nos está cambiando en nuestro vivir cotidiano.

 Tengo que decir que me animé a abrir un blog a raiz de ver diarios electrónicos como los de Enrique Dans, en los que te das cuenta de que la creación de contenido puede ser buena o mala, puede ser de premio Nobel o un verdadero desastre, pero que esta ahí, en Internet, para que la usemos cuándo y cómo nos plazca. Igual que ante una hoja de papel en blanco. Mi impresión general de la obra es que su lectura es sencilla y agradable. Aunque no llegue a una calidad extraordinaria te engancha porque enseña lo que es el Internet que nos encontramos cada día. Lo malo es que, como la evolución de la Red y de la tecnología en general es tan frenética, su fecha de caducidad es muy, muy corta. Yo he leído Todo Va a Cambiar tan solo un par de años después de su publicación y ya tiene cosas que se han quedado un poco atrás. Una segunda edición sería necesaria. Mi nota es de 6.0